So-called photography: PANDORA

EL CUERPO

« Ceci n’est pas une pipe » expuso René Magritte abriendo multiversos paralelos llenos de significaciones, abstracciones, simbolismos y posibilidades. Un cuerpo en una fotografía es más que el conjunto de órganos que conforman un ser vivo; es lo que oculta y lo que insinua, es metáfora, alegoría, mito y utopía. Es además una construcción cultural formada por aspectos psicológicos, sociales y políticos. El cuerpo es nuestro primer statement.

El sujeto se desdobla, al ser capturado por el fotógrafo, en un nuevo ente henchido de signos construidos por lo que la foto muestra y tanto o más por aquello que oculta. La fotografía propone y recorre el enigma del cuerpo como una disección platónica/simbólica que además se nutre de las particularidades que cada cuerpo tiene a manera de bitácora: cicatrices, tatuajes, marcas, arrugas y manchas son el lenguaje mediante el cual el cuerpo se comunica.  Además de estos rasgos particulares, las tensiones, extensiones, momentos y dinámica  del cuerpo devienen en la gravedad de organizar cuánticamente al sujeto más allá de una simple secuencia cinematográfica: cada cuadro implica un universo lleno de posibilidades ajeno y mucho más profundo que el fenómeno “real” fotografiado como podemos ver en las imagenes de Eadweard Muybridge . Es por ello que decidí explorar la naturaleza discontinua del tiempo en rollos fotográficos completos que multiplican al cuerpo y reflexionan sobre la transmutación que le supone el paso del tiempo y su irreversibilidad. 

Además de estos aspectos ontológicos inherentes al cuerpo, el fotógrafo utiliza elementos que modifica la sustancia del sujeto revelando, ocultando y direccionando la lectura del espectador. La máscara es uno de estos elementos, cargada de simbolismo y fuerzas psíquicas que transforman la sustancia de quien las porta y condicionan al que las observa, su uso es casi siempre ritual -ya sean rituales sociales o personales- y logra estados liberadores de éxtasis y katársis; al igual que el disfraz, la máscara y el antifaz cumplen el doble propósito de ocultar nuestro cuerpo para mostrar  una parte de nuestra psique.  En este mismo juego de resignificar mediante lo secreto, están también velos, lencería, encajes y transparencias, a través de las cuales se revela con más intensidad aquello que se oculta.