- Introducción
La cámara fotográfica como dispositivo generador de evidencias es una valiosa herramienta de expresión visual que le permite al artista desarrollar una apreciación particular del mundo que lo rodea y de las interrogantes que este le plantea. En ese sentido, la fotografía puede ser interpretada como un dialogo entre el creador y su sujeto u objeto, y las dificultades o encuentros que esto representa.
Lo que se proyecta en la imagen final, tiene origen en una situación personal, la cual es consecuencia de una serie de valores que se encuentran intrínsecos en el creador, pero que no están originariamente contenidos en la imagen. El mensaje dado, resulta de una triple lectura: nos habla del objeto, del sujeto y del propio medio.
Según Paul Valéry, en el inicio de toda teoría hay siempre elementos autobiográficos. Coincido con él, ya que, cualquier cosa que deba o pueda decir acerca de la fotografía esta marcada por mi propia experiencia creativa. Es por esta razón que las ideas que expondré en esta tesis, no son mas que propuestas teóricas entintadas por mi carácter de artista y un marcado intento de justificar mi obra.
¿Es posible la creación de un nuevo género fotográfico?, ¿Existe una relación entre fotografía documental y fotografía artística?, A lo largo de la presente investigación, probaré por medio del caso y proyecto “Yaguichi”, como es que fue posible; y desde donde parte la idea innovadora de la creación del ahora denominado Foto-performance, así como, su relación con la fotografía artística y documental.
La presente tesis, propone exponer que, es posible la creación de un nuevo genero fotográfico denominado foto-performance. Mismo que es posible a través del soporte llamado: fotografía expandida o manipulada.
Fontcuberta, argumenta que “el dominio de la fotografía se sitúa más propiamente en el campo de la ontología que en el de la estética” De igual modo Alfred Stieglitz proclama que “la función de la fotografía no consiste en ofrecer placer estético sino en proporcionar verdades visuales sobre el mundo”.
El desarrollo creativo en cuanto a la fotografía se refiere, se basa en la búsqueda y su encuentro de nuevas formas y las características de ese mundo visual. Ellos son los que establecerán la estética de su representación en este caso fotográfica.
En sus inicios y durante mucho tiempo, la fotografía fue entendida como una forma en la que se podía representar a la naturaleza en si misma en su forma mas real y veraz. Ahora, en la era de la hipermodernidad, la fotografía puede y se permite percibirse como un elemento o herramienta que el creador utiliza para asegurar su intención primera. Actualmente, fotografiar instituye una forma de reinventar lo real.
En los años 50´s se perfilaban dos teorías que hablaban de la polaridad recuerdo/olvido. Una teoría, del icónico Henri Cartier-Bresson, nos propone capturar el instante decisivo, donde la tensión de la escena es la que le propicia su máxima contundencia. Por su parte Robert Frank, sugiere que, cuando se trata de fotografiar la realidad, se debía realizar no a partir del clímax de una situación, sino en el lapso que toma y se separan los momentos decisivos.
Derivado de estos dos pensamientos, y acercándome mas a la premisa del último, fue que concluí que se debía tomar al performance desde un punto de vista distinto, no para provocar el recuerdo, sino, para aludir a la experiencia en si misma. Que el performance se formase desde su creación conceptual, pasando por su ejecución y sublimándose en la toma fotográfica. Solo así, la fotografía de performance deja de ser evidencia de la acción performática y se convierte en la única experiencia de esta.
Descontextualizando la finalidad descriptiva de las fotografías que se toman en las acciones de performance, se modifica su valor y su uso, y elimina la noción misma de que la fotografía de performance es la constatación del hecho, y se presume inseparable por primera vez. Se abre la posibilidad de creación de un nuevo genero fotográfico el foto-performance; definido como la creación de un performance que se presentará en única ocasión y para un solo espectador (en este caso el artista que manipula y fotografía la acción). El mero registro del acto performático, se transforma y se convierte en una obra de carácter expansivo, puesto que la imagen final presentada a manera de serie, es la obra en si misma. Ya no se puede hablar de una fotografía “directa” para registrar la acción, ahora se habla de una fotografía construida.
En contraparte, “cuando los artistas del accionismo vienés o la artista cubana Ana Mendieta embadurnan su cuerpo sobre el suelo o sobre el papel, como Yves Klein lo hiciera con sus modelos pintadas de azul, desean que la impresión anatómica quede perfectamente reconocible. Aunque los artistas aspiran a sublimar poéticamente ese gesto, o a dotarlo de una significación política, los espectadores deben reconocer la mano como mano y el rostro como rostro. No se trata de manchas de sangre, sino de impresiones hechas con sangre”.
Mucha de la producción actual de arte contemporáneo se basa en distintos grados de la creación de una huella o de distintos referentes al documento como memoria.
Con mi serie de foto-performance “Yaguichi” realizada en el 2008, me aboque en plasmar el encuentro entre el sujeto (en este caso, el Artista de Performance Martin Rentería), y yo como co-creador de la imagen. Con el lente y la construcción de la escena fotográfica, representé entre otras cosas, una visión estética contemporánea de un ritual shamánico otomí. Mi acto performático, requirió de un largo aprendizaje sujeto de una nueva percepción visual, factores adquiridos a lo largo de mi quehacer como fotógrafa y artista, ya que el objeto de la práctica artística resultaba doble.
En tanto a la configuración del denominado Foto-performance, se trataba de provocar la interacción del espectador para generar un nuevo pacto, y así permitir que, a través de la serie, se originara una nueva percepción hacia el performance. Un antes y un después.
El registro que se acostumbra como documento que guarda en su memoria la acción del performance, se transforma y se convierte en la obra misma. Ya que, desde ahora se percibe como un documento artístico. Se plantea como única forma de presentar al performance, no en un espacio público sino, en fotografías. Elimina al fotógrafo de un punto de vista neutral y de no intervención, ahora este, ya no se sujeta exclusivamente a documentar con su cámara, la acción presentada, ya se ostenta una autoría por su parte. El fotógrafo deja por primera vez, de ceñirse a los parámetros de la fotografía documental, la cuál se convierte en mera memoria y no interactúa con el espectador, mas que desde ese punto.
El foto-performance permite que cada vez que se muestre la serie fotográfica, el espectador, dirija la mirada a un acto que se presenta ante sus ojos las veces que se permita o lo desee, y así, dar paso a una interpretación quizás distinta de la obra, de acuerdo a su interpretación.
Mi intervención en el campo del performance, como un actor coparticipe de la acción en si misma, me dio una mayor licencia y permitió, intervenir de forma consciente en la creación del performance. De esta forma se abren caminos para una nueva interpretación del documento performático.
Mi intención es crear un contrapunto teórico a la noción modernista del “instante decisivo” y construir de la mano del artista de performance, una nueva forma de mirar y de representar desde la base a la acción.
Con la creación del foto-performance no hay ayer ni hoy ni mañana en la acción. No es que exista un progreso en el performance y su concepción, simplemente hay un cambio de propósito. Lo que antes era un mero registro, ahora mediante un efecto voluntario, se presenta como una nueva propuesta artística.
De ser fotógrafa que documenta el performance, me convertí esta vez ya no en un mero espectador de la acción performática; ahora, presido la acción y dirijo la escena. Con la cámara como herramienta principal, impongo mis propias reglas. Ya no documento, ya no estoy fuera de la acción estoy participando de ella.
A partir de este encuentro, solo falta que el espectador comprenda las fotografías o el sentido que como artista intentó darles con mi muy propia visión del mundo. La mirada del espectador siempre recreará la significación de estas, pero, esta mirada puede ser orientada en cualquier dirección. Así que, la objetividad no existe.
Continuamente la critica especializada de la fotografía ha contrapuesto dos categorías “fotografía directa” contra “fotografía manipulada”. La primera, implica acatar las reglas dentro de los limites de lo que se denomina la técnica fotográfica ortodoxa. Una serie de pasos que se consideran puros. Un ejemplo de ello sería, salir quizás a la calle y encontrarse con un tema que atraiga el interés, tomar la cámara, encuadrar y disparar. Se respeta así la visión óptico-mecánica del medio. En cambio, la segunda, legitima cualquier recurso que el fotógrafo quiera introducir, puede incluso apropiarse de otras disciplinas como lo son la pintura, alguna técnica de estampación, o la construcción de la imagen desde la mente y prefabricarla antes de ser creada. De esta forma, una favorece el acto de lo azaroso, así como la intuición del fotógrafo, contra, la de preferir o anteponer la planificación y el control del resultado. Estas categorías, generalmente enfrentadas, se resumen en dos géneros fotográficos: el documental y el artístico.
La propuesta de esta tesis, radica en demostrar como fue posible para mi, acuñar el término foto-performance, para denominar a un nuevo genero fotográfico. Para lograr este objetivo, en el capitulo 1, conceptualizaré Yaguichi, en el capitulo 2, hablaré de las circunstancias y la necesidad que me llevo a realizar un foto-performance. En el tercer capitulo, desarrollaré la toma fotográfica y sus necesidades técnicas. En el 4to capitulo, hablaré de su exposición, recibimiento y difusión.
- Capitulo 1: Yaguichi
Yaguichi, es una serie de foto-performance, cocreación del artista Martin Rentería y la artista Belinda Garen, nombre artístico con el cuál se me conoce en el mundo del arte desde el 2002.
Martín Rentería conceptualiza el performance “Yaguichi”, a partir de un articulo de Matos Moctezuma publicado por Artes de México, este lo inspira por la carga shamánica que utilizan los otomíes en sus rituales, sin embargo, solo se queda con el nombre y algunos de sus elementos, la intención no fue llevar a cabo el ritual tal cual se realiza, fue solamente un punto de partida y a partir de este, generar un ritual propio, utilizando algunos elementos clave.
El guión performatico y la estética generada, consigue darle una visión contemporánea a uno de los rituales otomís. Los indígenas de la región Huasteca, aunque sean en su mayoría feligreses católicos, aún ofrecen rituales paganos de plegarias, agradecimiento y/o protección. En uno de estos rituales, la corteza del árbol xalana mezclada con agua, les proporciona la base, puesto que con ello realizan un papel o papiro, donde el Shamán corta, figuras humanas y/o partes del cuerpo humano, para protección de una familia o una persona en particular. Esta figura, es colocada en la puerta de la casa donde habite dicho sujeto o familia.
En “Yaguichi” el ritual es contenido en una serie fotográfica, sin embargo, las fotografías no pretenden corroborar una verdad, sino asentar un nuevo discurso donde el espectador, tiene la oportunidad de cuestionar la premisa y fundamentar su verdad. El propósito principal que tiene este foto-performance, es no limitarse a la representación tal cual del ritual shamanico otomí, el cometido es más bien una nueva forma y estética que lo represente. Desde un lugar de la creación contemporánea y no desde el ritual en si mismo.
La pieza del foto-performance, se sostiene por si misma. Pues combina lenguajes de nuestro pasado prehispánico, con lenguajes contemporáneos.
- Capitulo 2: Circunstancias y necesidades fotográficas
“Los rituales actúan de la misma forma en que lo hace la fotografía: dan testimonio de cuando fuimos otros en el tiempo del mito. Son atemporales, están suspendidos en el tiempo y el espacio … Y nos sitúan, así, en ese intervalo que existe entre el hecho y su realidad.”
En el año 2004, inicié una relación estrecha tanto laboral como de amistad con Martín Rentería, artista internacional de Performance, quién ha recorrido el mundo presentando sus performances desde los años 90 hasta el día de hoy. Mi quehacer durante los primeros 4 años, fue registrar los performances que realizó en diversos museos y galerías de México, y a su vez, retratarlo en mi estudio fotográfico con los trajes que utilizaba en ellos, a la par que fotografiaba piezas de arte-objeto creados por él. A lo largo de estos años, recolecté al menos 1000 fotografías relacionadas con la obra y el artista de performance.
Tantos encuentros y tantas horas intensas de trabajo y de aprendizaje referente al mundo perfomático de Martín, me hicieron llegar al punto donde, ya no me era suficiente seguir fotografiando y generar archivo para él, y comencé a reflexionar mi situación de fotógrafa que documentaba únicamente.
Al inicio del año 2008, en una de nuestras largas tertulias que sosteníamos al menos una vez por semana, sugerí un cambió. Este, se había ido gestando y demandaba de una nueva percepción de mi parte hacía la obra de Martín. Le pedí un performance creado solo para mi, desde su conceptualización y que tuviera elementos ricos en simbolismo, para que, desde el campo de la estética fotográfica, yo lo pudiera representar.
Mi premisa era, dirigir el performance desde en su ejecución, componer imágenes contundentes que representarán su simbología, y generar a partir de ellas un discurso en conjunto.
Para mediados del año, Martín me presentó el guión de Yaguichi, un performance que tenía como base la entropíaen términos de la termodinámica; un tema recurrente en la obra perfomática de Martín, y en el caso de Yaguichi, esta representada en toda la pieza. El guión de la acción de performance fue presentada así:
- Una licuadora se convierte en vasija conteniendo papel, representando la unión del inicio de un ritual shamánico otomí.
- El cuerpo del performer, se envuelve como capullo, para simular la transmutación que tendrá de artista de performance, a un shamán, quién durante la acción performática, y por medio del ritual, cargará de energía a los amuletos que recorta.
- El performer utilizará durante la acción un traje de lino, elemento fundamental, ya que es un referente a la naturaleza orgánica de Yaguichi.
- Un costal con polvo de mármol se sostiene y pende arriba del performer, durante toda la acción.
- El performer, se sienta en un sillón y recorta el rollo de papel que sirvió como capullo simulando figuras humanas, mientras el costal picado previamente, deja caer su contenido en el cuerpo del artista.
- Se vacía el costal, y el performer se va.
La premisa de la acción performática, propuesta por Martín, era convertir en shaman al performer, ritualizar la acción, crear amuletos, y que el ritual mismo, limpiará la energía negativa y la transmutará a positiva.
- Capitulo 3: La toma fotográfica
En el verano del año 2008, Martín Rentería tenía a de conocido a Héctor Álvarez, quién fue clave para la realización del foto-performance Yaguichi. Él nos prestó un espacio, en Versalles, colonia Juárez; el cual tenía al menos 600 mt2, con una altura superior a los 3 pisos. Un lugar así era fundamental, puesto que, uno de los requerimientos de la acción, era colgar un costal al menos con un metro de distancia de la cabeza del performer.
En dicho lugar, contaban con una grúa pequeña, la cuál se utilizó, para colgar el costal, amarrado de tal forma que, representaba un corazón. Este símbolo universal de amor, fue mi primer aportación de carácter estético, mi intención era que no pendiera el costal únicamente, si no, aprovechar su presencia y al formar el corazón, daríamos un nuevo elemento a la imagen final.
Del montaje del costal y el sillón, el encargado fue Héctor, junto con un par de asistentes. Quiénes bajaron al centro del espacio, un sillón individual blanco, el cual se encontraba como parte de la decoración del lugar.
Marcela Mendivil, artista plástica y Martín prepararon, el rollo de papel de computadora, conseguido tiempo atrás en las antiguas oficinas de La Secretaría de Relaciones Exteriores ubicadas en Tlatelolco; ahora, centro cultural tlatelolco, que en algún tiempo durante finales de los 90´s vaciáron sus oficinas, y junto con un amigo, Martín recolectó objetos y papelería diversa, para utilizarla como parte de sus performances posteriores. Llevar dicho papel fue premeditado, puesto que el papel mismo, contenía energía diversa acumulada.
Monté todo mi equipo de iluminación y fotográfico, el cual consistió por un par de cabezales de flash de 300 watts cada uno, con sus dos tripies y cajas difusoras de luz; así como, mi cámara Canon MarK II, de 10.5 mega pixeles, y un tripie.
La primera toma consistió en fotografiar una licuadora con servitoallas de papel en el interior. Utilicé dos flashes, uno a cada lado, con difusor de 35 cm de ancho, x 60 cm de largo. Como se muestra en la figura 1.
La segunda toma, requirió de mas elementos, tanto visuales como de iluminación. El piso era de cemento y para equilibrar la imagen se necesito, poner a lo largo del set una tela negra de terciopelo y con ayuda de la iluminación, mandar a negros el fondo de la futura imagen. Del lado izquierdo, coloqué un flash, con el difusor rectangular de 35 cm de ancho x 137 cm de largo, frente a la escena fue donde me ubiqué, junto con la cámara y el tripie. Justo detrás de mi, emplacé el flash principal, este tenía un difusor también rectangular de 137 cm de ancho x 183 cm de largo. Como se ve en la figura 2.
La toma requería envolver al performer con el rollo de papel simulando un capullo; cubierto en su totalidad por poemas escritos por Marcela, inspirados en el performance. Martín estaba justo debajo del costal. Utilicé dos flashes, uno a su lado derecho y otro, por detrás de la cámara. El flash derecho lo disparé en toda su potencia para generar un contraste casi total en la toma. El flash posicionado atrás mío, estaba a la mitad de la potencia, utilizándolo como iluminación de relleno.
La tercera toma, se realizó, igual al centro del set, con la misma iluminación. Esta se trataba de Martín vestido ya con el traje de lino, igualmente debajo del costal y traía ya, sus lentes para ver y la cabeza unos googles.
5. Capitulo 4: Difusión y Exposición de la serie Yaguichi
6. Conclusiones
Para los pueblos originarios, la unidad que hace a una persona un ser íntegro comprende: cuerpo, mente, emociones y espiritualidad. Desde esa premisa, “Yaguichi”, cuyo guión performático fue articulado entre Martín Rentería y Belinda Garen, es una acción histórico-corporal que, sustentada en el pensamiento ancestral de los indígenas otomíes, parte del ritual Yaguichi en el que, a manera de ofrenda y mediante figuras recortadas del papel blanco proveniente del árbol xalana, los indios le piden al cosmos la materialización de cosas positivas.
Con “Yaguichi”, el performer Rentería, y Garen, artista de la lente, hacen alusión al carácter expresivo-activo del cuerpo no sólo como manifestación individual, sino también como eje de la historia para comprender la corporalidad y el tiempo fundidos en una realidad autóctona deconstruida desde el quehacer artístico posmoderno, que permite resignificar valores relegados e incluso negados, como lo son los rituales chamánicos. Para los autores, “Yaguichi” es “una acción de entropía básica en donde las concentraciones de energía fluyen […] representando un estado de permanente transición en el presente infinito.”
INGRID SUCKAER
Reflexionando a YAGUICHI
Una sucesión de momentos suspendidos en la imagen fotográfica compone la foto-acción Yaguichi realizada por la artista visual Belinda Garen. La acción comprende un proceso largo, meticulosamente pensado y dirigido: se realiza exclusivamente para ser captada por el ojo humano a través de la fotografía de Belinda. Yaguichi no tiene la intención de narrar una historia en particular, se concentra en captar una serie de momentos irrepetibles a partir de un acontecimiento preconcebido que genera un silencio metafórico. La arena cae sobre el hombre sentado en un sillón, preparado con unos lentes especiales para lo que a continuación sucede: la ruptura de un corazón lleno de arena colocado exactamente en su cénit. Belinda atrapa los instantes en que la arena queda suspendida y ocupa un espacio en cada instante que nunca más volverá a ocupar, no podrá jamás repetirse, ni podrá regresarse a su posición original; con ello, la obra nos recuerda a la entropía de Robert Smithson. La masa de la arena concentrada, al romperse, se esparce por el espacio y cubre el cuerpo del hombre. Belinda elige a la fotografía como soporte para hacer un énfasis en la reflexión cronotópica. La arena nos obliga a hacer dicha reflexión sobre el paso del tiempo, la invención del reloj como método de su medición y cómo a partir de esos relojes de arena, el tiempo literalmente ha caído sobre el ser humano y obstaculiza su visión y su libertad. El reloj se vuelve un paradigma omnicomprensivo de la relación del hombre con la vida. El espacio en la foto-acción es negro, pareciera estar vacío, o más bien, lleno de oscuridad; conlleva la sensación de encarcelamiento, de aislamiento y de inmovilidad. El único objeto que se percibe es el sillón sobre el que está sentado el personaje realizado por el artista Martín Rentería sobre el que recae el peso de la arena, metafóricamente el peso del tiempo. La materia en algún momento de la obra es indiscernible, se confunde y pareciera que no existen límites entre la arena y el cuerpo humano. Luego, ocurre algo inesperado: el personaje se rebela a su situación de inmovilidad y se levanta, sacude la arena, se sacude la opresión del tiempo y deja el espacio vacío de vida, El personaje abandona su pasividad y se vuelve un ser libre. La contemplación de esta obra es una invitación a participar de la vida, a romper con la imposición del espacio confinado y del tiempo medido convencionalmente. Joseph Beuys argumentaba que el arte no está ahí para proveer conocimiento de una forma directa, sino que produce percepciones profundas de la experiencia. La sencilla observación de Yaguichi toca las fibras más sensibles de los límites fundamentales de la física humana: reproduce artificialmente la sensación espacio-temporal y la trasciende.
Alejandro Sordo
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