FOTOPERFORMANCE

  1. Introducción

La cámara fotográfica como dispositivo generador de evidencias es una valiosa herramienta de expresión visual que le permite al artista desarrollar una apreciación particular del mundo que lo rodea y de las interrogantes que este le plantea. En ese sentido, la fotografía puede ser interpretada como un dialogo entre el creador y su sujeto u objeto, y las dificultades o encuentros que esto representa.

Lo que se proyecta en la imagen final, tiene origen en una situación personal, la cual es consecuencia de una serie de valores que se encuentran intrínsecos en el creador, pero que no están originariamente contenidos en la imagen. El mensaje dado, resulta de una triple lectura: nos habla del objeto, del sujeto y del propio medio.

Según Paul Valéry, en el inicio de toda teoría hay siempre elementos autobiográficos. Coincido con él, ya que, cualquier cosa que deba o pueda decir acerca de la fotografía esta marcada por mi propia experiencia creativa. Es por esta razón que las ideas que expondré en esta tesis, no son mas que propuestas teóricas entintadas por mi carácter de artista y un marcado intento de justificar mi obra.

¿Es posible la creación de un nuevo género fotográfico?, ¿Existe una relación entre fotografía documental y fotografía artística?, A lo largo de la presente investigación, probaré por medio del caso y proyecto “Yaguichi”, como es que fue posible; y desde donde parte la idea innovadora de la creación del ahora denominado Foto-performance, así como, su relación con la fotografía artística y documental. 

La presente tesis, propone exponer que, es posible la creación de un nuevo genero fotográfico denominado foto-performance. Mismo que es posible a través del soporte llamado: fotografía expandida o manipulada.

Fontcuberta, argumenta que “el dominio de la fotografía se sitúa más propiamente en el campo de la ontología que en el de la estética” De igual modo Alfred Stieglitz proclama que “la función de la fotografía no consiste en ofrecer placer estético sino en proporcionar verdades visuales sobre el mundo”.

El desarrollo creativo en cuanto a la fotografía se refiere, se basa en la búsqueda y su encuentro de nuevas formas y las características de ese mundo visual. Ellos son los que establecerán la estética de su representación en este caso fotográfica. 

En sus inicios y durante mucho tiempo, la fotografía fue entendida como una forma en la que se podía representar a la naturaleza en si misma en su forma mas real y veraz. Ahora, en la era de la hipermodernidad, la fotografía puede y se permite percibirse como un elemento o herramienta que el creador utiliza para asegurar su intención primera. Actualmente, fotografiar instituye una forma de reinventar lo real.

En los años 50´s se perfilaban dos teorías que hablaban de la polaridad recuerdo/olvido. Una teoría, del icónico Henri Cartier-Bresson, nos propone capturar el instante decisivo, donde la tensión de la escena es la que le propicia su máxima contundencia. Por su parte Robert Frank, sugiere que, cuando se trata de fotografiar la realidad, se debía realizar no a partir del clímax de una situación, sino en el lapso que toma y se separan los momentos decisivos. 

Derivado de estos dos pensamientos, y acercándome mas a la premisa del último, fue que concluí que se debía tomar al performance desde un punto de vista distinto, no para provocar el recuerdo, sino, para aludir a la experiencia en si misma. Que el performance se formase desde su creación conceptual, pasando por su ejecución y sublimándose en la toma fotográfica. Solo así, la fotografía de performance deja de ser evidencia de la acción performática y se convierte en la única experiencia de esta.

Descontextualizando la finalidad descriptiva de las fotografías que se toman en las acciones de performance, se modifica su valor y su uso, y elimina la noción misma de que la fotografía de performance es la constatación del hecho, y se presume inseparable por primera vez. Se abre la posibilidad de creación de un nuevo genero fotográfico el foto-performance; definido como la creación de un performance que se presentará en única ocasión y para un solo espectador (en este caso el artista que manipula y fotografía la acción). El mero registro del acto performático, se transforma y se convierte en una obra de carácter expansivo, puesto que la imagen final presentada a manera de serie, es la obra en si misma. Ya no se puede hablar de una fotografía “directa” para registrar la acción, ahora se habla de una fotografía construida. 

En contraparte, “cuando los artistas del accionismo vienés o la artista cubana Ana Mendieta embadurnan su cuerpo sobre el suelo o sobre el papel, como Yves Klein lo hiciera con sus modelos pintadas de azul, desean que la impresión anatómica quede perfectamente reconocible. Aunque los artistas aspiran a sublimar poéticamente ese gesto, o a dotarlo de una significación política, los espectadores deben reconocer la mano como mano y el rostro como rostro. No se trata de manchas de sangre, sino de impresiones hechas con sangre”. 

Mucha de la producción actual de arte contemporáneo se basa en distintos grados de la creación de una huella o de distintos referentes al documento como memoria. 

Con mi serie de foto-performance “Yaguichi” realizada en el 2008, me aboque en plasmar el encuentro entre el sujeto (en este caso, el Artista de Performance Martin Rentería), y yo como co-creador de la imagen. Con el lente y la construcción de la escena fotográfica, representé entre otras cosas, una visión estética contemporánea de un ritual shamánico otomí. Mi acto performático, requirió de un largo aprendizaje sujeto de una nueva percepción visual, factores adquiridos a lo largo de mi quehacer como fotógrafa y artista, ya que el objeto de la práctica artística resultaba doble.

En tanto a la configuración del denominado Foto-performance, se trataba de provocar la interacción del espectador para generar un nuevo pacto, y así permitir que, a través de la serie, se originara una nueva percepción hacia el performance. Un antes y un después. 

El registro que se acostumbra como documento que guarda en su memoria la acción del performance, se transforma y se convierte en la obra misma. Ya que, desde ahora se percibe como un documento artístico. Se plantea como única forma de presentar al performance, no en un espacio público sino, en fotografías. Elimina al fotógrafo de un punto de vista neutral y de no intervención, ahora este, ya no se sujeta exclusivamente a documentar con su cámara, la acción presentada, ya se ostenta una autoría por su parte. El fotógrafo deja por primera vez, de ceñirse a los parámetros de la fotografía documental, la cuál se convierte en mera memoria y no interactúa con el espectador, mas que desde ese punto. 

El foto-performance permite que cada vez que se muestre la serie fotográfica, el espectador, dirija la mirada a un acto que se presenta ante sus ojos las veces que se permita o lo desee, y así, dar paso a una interpretación quizás distinta de la obra, de acuerdo a su interpretación.

Mi intervención en el campo del performance, como un actor coparticipe de la acción en si misma, me dio una mayor licencia y permitió, intervenir de forma consciente en la creación del performance. De esta forma se abren caminos para una nueva interpretación del documento performático.

Mi intención es crear un contrapunto teórico a la noción modernista del “instante decisivo” y construir de la mano del artista de performance, una nueva forma de mirar y de representar desde la base a la acción.

Con la creación del foto-performance no hay ayer ni hoy ni mañana en la acción. No es que exista un progreso en el performance y su concepción, simplemente hay un cambio de propósito. Lo que antes era un mero registro, ahora mediante un efecto voluntario, se presenta como una nueva propuesta artística.

De ser fotógrafa que documenta el performance, me convertí esta vez ya no en un mero espectador de la acción performática; ahora, presido la acción y dirijo la escena. Con la cámara como herramienta principal, impongo mis propias reglas. Ya no documento, ya no estoy fuera de la acción estoy participando de ella.  

A partir de este encuentro, solo falta que el espectador comprenda las fotografías o el sentido que como artista intentó darles con mi muy propia visión del mundo. La mirada del espectador siempre recreará la significación de estas, pero, esta mirada puede ser orientada en cualquier dirección. Así que, la objetividad no existe. 

Continuamente la critica especializada de la fotografía ha contrapuesto dos categorías “fotografía directa” contra “fotografía manipulada”. La primera, implica acatar las reglas dentro de los limites de lo que se denomina la técnica fotográfica ortodoxa. Una serie de pasos que se consideran puros. Un ejemplo de ello sería, salir quizás a la calle y encontrarse con un tema que atraiga el interés, tomar la cámara, encuadrar y disparar. Se respeta así la visión óptico-mecánica del medio. En cambio, la segunda, legitima cualquier recurso que el fotógrafo quiera introducir, puede incluso apropiarse de otras disciplinas como lo son la pintura, alguna técnica de estampación, o la construcción de la imagen desde la mente y prefabricarla antes de ser creada. De esta forma, una favorece el acto de lo azaroso, así como la intuición del fotógrafo, contra, la de preferir o anteponer la planificación y el control del resultado. Estas categorías, generalmente enfrentadas, se resumen en dos géneros fotográficos: el documental y el artístico. 

La propuesta de esta tesis, radica en demostrar como fue posible para mi, acuñar el término foto-performance, para denominar a un nuevo genero fotográfico. Para lograr este objetivo, en el capitulo 1, conceptualizaré Yaguichi, en el capitulo 2, hablaré de las circunstancias y la necesidad que me llevo a realizar un foto-performance. En el tercer capitulo, desarrollaré la toma fotográfica y sus necesidades técnicas. En el 4to capitulo, hablaré de su exposición, recibimiento y difusión. 

  1. Capitulo 1: Yaguichi

Yaguichi, es una serie de foto-performance, cocreación del artista Martin Rentería y la artista Belinda Garen, nombre artístico con el cuál se me conoce en el mundo del arte desde el 2002.

Martín Rentería conceptualiza el performance “Yaguichi”, a partir de un articulo de Matos Moctezuma publicado por Artes de México, este lo inspira por la carga shamánica que utilizan los otomíes en sus rituales, sin embargo, solo se queda con el nombre y algunos de sus elementos, la intención no fue llevar a cabo el ritual tal cual se realiza, fue solamente un punto de partida y a partir de este, generar un ritual propio, utilizando algunos elementos clave. 

El guión performatico y la estética generada, consigue darle una visión contemporánea a uno de los rituales otomís. Los indígenas de la región Huasteca, aunque sean en su mayoría feligreses católicos, aún ofrecen rituales paganos de plegarias, agradecimiento y/o protección. En uno de estos rituales, la corteza del árbol xalana mezclada con agua, les proporciona la base, puesto que con ello realizan un papel o papiro, donde el Shamán corta, figuras humanas y/o partes del cuerpo humano, para protección de una familia o una persona en particular. Esta figura, es colocada en la puerta de la casa donde habite dicho sujeto o familia.

En “Yaguichi” el ritual es contenido en una serie fotográfica, sin embargo, las fotografías no pretenden corroborar una verdad, sino asentar un nuevo discurso donde el espectador, tiene la oportunidad de cuestionar la premisa y fundamentar su verdad. El propósito principal que tiene este foto-performance, es no limitarse a la representación tal cual del ritual shamanico otomí, el cometido es más bien una nueva forma y estética que lo represente. Desde un lugar de la creación contemporánea y no desde el ritual en si mismo.

La pieza del foto-performance, se sostiene por si misma. Pues combina lenguajes de nuestro pasado prehispánico, con lenguajes contemporáneos.

  1. Capitulo 2: Circunstancias y necesidades fotográficas

“Los rituales actúan de la misma forma en que lo hace la fotografía: dan testimonio de cuando fuimos otros en el tiempo del mito. Son atemporales, están suspendidos en el tiempo y el espacio … Y nos sitúan, así, en ese intervalo que existe entre el hecho y su realidad.”

En el año 2004, inicié una relación estrecha tanto laboral como de amistad con Martín Rentería, artista internacional de Performance, quién ha recorrido el mundo presentando sus performances desde los años 90 hasta el día de hoy. Mi quehacer durante los primeros 4 años, fue registrar los performances que realizó en diversos museos y galerías de México, y a su vez, retratarlo en mi estudio fotográfico con los trajes que utilizaba en ellos, a la par que fotografiaba piezas de arte-objeto creados por él. A lo largo de estos años, recolecté al menos 1000 fotografías relacionadas con la obra y el artista de performance.

Tantos encuentros y tantas horas intensas de trabajo y de aprendizaje referente al mundo perfomático de Martín, me hicieron llegar al punto donde, ya no me era suficiente seguir fotografiando y generar archivo para él, y comencé a reflexionar mi situación de fotógrafa que documentaba únicamente.

Al inicio del año 2008, en una de nuestras largas tertulias que sosteníamos al menos una vez por semana, sugerí un cambió. Este, se había ido gestando y demandaba de una nueva percepción de mi parte hacía la obra de Martín. Le pedí un performance creado solo para mi, desde su conceptualización y que tuviera elementos ricos en simbolismo, para que, desde el campo de la estética fotográfica, yo lo pudiera representar. 

Mi premisa era, dirigir el performance desde en su ejecución, componer imágenes contundentes que representarán su simbología, y generar a partir de ellas un discurso en conjunto.

Para mediados del año, Martín me presentó el guión de Yaguichi, un performance que tenía como base la entropíaen términos de la termodinámica;  un tema recurrente en la obra perfomática de Martín, y en el caso de Yaguichi, esta representada en toda la pieza. El guión de la acción de performance fue presentada así:

  • Una licuadora se convierte en vasija conteniendo papel, representando la unión del inicio de un ritual shamánico otomí. 
  • El cuerpo del performer, se envuelve como capullo, para simular la transmutación que tendrá de artista de performance, a un shamán, quién durante la acción performática, y por medio del ritual, cargará de energía a los amuletos que recorta.
  • El performer utilizará durante la acción un traje de lino, elemento fundamental, ya que es un referente a la naturaleza orgánica de Yaguichi. 
  • Un costal con polvo de mármol se sostiene y pende arriba del performer, durante toda la acción.
  • El performer, se sienta en un sillón y recorta el rollo de papel que sirvió como capullo simulando figuras humanas, mientras el costal picado previamente, deja caer su contenido en el cuerpo del artista.
  • Se vacía el costal, y el performer se va.

La premisa de la acción performática, propuesta por Martín, era convertir en shaman al performer, ritualizar la acción, crear amuletos, y que el ritual mismo, limpiará la energía negativa y la transmutará a positiva.

  1. Capitulo 3: La toma fotográfica

En el verano del año 2008, Martín Rentería tenía a de conocido a Héctor Álvarez, quién fue clave para la realización del foto-performance Yaguichi. Él nos prestó un espacio, en Versalles, colonia Juárez; el cual tenía al menos 600 mt2, con una altura superior a los 3 pisos. Un lugar así era fundamental, puesto que, uno de los requerimientos de la acción, era colgar un costal al menos con un metro de distancia de la cabeza del performer.

 En dicho lugar, contaban con una grúa pequeña, la cuál se utilizó, para colgar el costal, amarrado de tal forma que, representaba un corazón. Este símbolo universal de amor, fue mi primer aportación de carácter estético, mi intención era que no pendiera el costal únicamente, si no, aprovechar su presencia y al formar el corazón, daríamos un nuevo elemento a la imagen final. 

Del montaje del costal y el sillón, el encargado fue Héctor, junto con un par de asistentes. Quiénes bajaron al centro del espacio, un sillón individual blanco, el cual se encontraba como parte de la decoración del lugar.

Marcela Mendivil, artista plástica y Martín prepararon, el rollo de papel de computadora, conseguido tiempo atrás en las antiguas oficinas de La Secretaría de Relaciones Exteriores ubicadas en Tlatelolco; ahora, centro cultural tlatelolco, que en algún tiempo durante finales de los 90´s  vaciáron sus oficinas, y junto con un amigo, Martín recolectó objetos y papelería diversa, para utilizarla como parte de sus performances posteriores. Llevar dicho papel fue premeditado, puesto que el papel mismo, contenía energía diversa acumulada. 

Monté todo mi equipo de iluminación y fotográfico, el cual consistió por un par de cabezales de flash de 300 watts cada uno, con sus dos tripies y cajas difusoras de luz; así como, mi cámara Canon MarK II, de 10.5 mega pixeles, y un tripie.

La primera toma consistió en fotografiar una licuadora con servitoallas de papel en el interior. Utilicé dos flashes, uno a cada lado, con difusor de 35 cm de ancho, x 60 cm de largo. Como se muestra en la figura 1.

 La segunda toma, requirió de mas elementos, tanto visuales como de iluminación. El piso era de cemento y para equilibrar la imagen se necesito, poner a lo largo del set una tela negra de terciopelo y con ayuda de la iluminación, mandar a negros el fondo de la futura imagen. Del lado izquierdo, coloqué un flash, con el difusor rectangular de 35 cm de ancho x 137 cm de largo, frente a la escena fue donde me ubiqué, junto con la cámara y el tripie. Justo detrás de mi, emplacé el flash principal, este tenía un difusor también rectangular de 137 cm de ancho x 183 cm de largo. Como se ve en la figura 2.

La toma requería envolver al performer con el rollo de papel simulando un capullo; cubierto en su totalidad por poemas escritos por Marcela, inspirados en el performance. Martín estaba justo debajo del costal. Utilicé dos flashes, uno a su lado derecho y otro, por detrás de la cámara. El flash derecho lo disparé en toda su potencia para generar un contraste casi total en la toma. El flash posicionado atrás mío, estaba a la mitad de la potencia, utilizándolo como iluminación de relleno. 

La tercera toma, se realizó, igual al centro del set, con la misma iluminación. Esta se trataba de Martín vestido ya con el traje de lino, igualmente debajo del costal y traía ya, sus lentes para ver y la cabeza unos googles. 

5. Capitulo 4: Difusión y Exposición de la serie Yaguichi 

6. Conclusiones

Para los pueblos originarios, la unidad que hace a una persona un ser íntegro comprende: cuerpo, mente, emociones y espiritualidad. Desde esa premisa, “Yaguichi”, cuyo guión performático fue articulado entre Martín Rentería y Belinda Garen, es una acción histórico-corporal que, sustentada en el pensamiento ancestral de los indígenas otomíes, parte del ritual Yaguichi en el que, a manera de ofrenda y mediante figuras recortadas del papel blanco proveniente del árbol xalana, los indios le piden al cosmos la materialización de cosas positivas.

Con “Yaguichi”, el performer Rentería, y Garen, artista de la lente, hacen alusión al carácter expresivo-activo del cuerpo no sólo como manifestación individual, sino también como eje de la historia para comprender la corporalidad y el tiempo fundidos en una realidad autóctona deconstruida desde el quehacer artístico posmoderno, que permite resignificar valores relegados e incluso negados, como lo son los rituales chamánicos. Para los autores, “Yaguichi” es “una acción de entropía básica en donde las concentraciones de energía fluyen […] representando un estado de permanente transición en el presente infinito.”

INGRID SUCKAER

Reflexionando a YAGUICHI

Una sucesión de momentos suspendidos en la imagen fotográfica compone la foto-acción Yaguichi realizada por la artista visual Belinda Garen. La acción comprende un proceso largo, meticulosamente pensado y dirigido: se realiza exclusivamente para ser captada por el ojo humano a través de la fotografía de Belinda. Yaguichi no tiene la intención de narrar una historia en particular, se concentra en captar una serie de momentos irrepetibles a partir de un acontecimiento preconcebido que genera un silencio metafórico. La arena cae sobre el hombre sentado en un sillón, preparado con unos lentes especiales para lo que a continuación sucede: la ruptura de un corazón lleno de arena colocado exactamente en su cénit. Belinda atrapa los instantes en que la arena queda suspendida y ocupa un espacio en cada instante que nunca más volverá a ocupar, no podrá jamás repetirse, ni podrá regresarse a su posición original; con ello, la obra nos recuerda a la entropía de Robert Smithson. La masa de la arena concentrada, al romperse, se esparce por el espacio y cubre el cuerpo del hombre. Belinda elige a la fotografía como soporte para hacer un énfasis en la reflexión cronotópica. La arena nos obliga a hacer dicha reflexión sobre el paso del tiempo, la invención del reloj como método de su medición y cómo a partir de esos relojes de arena, el tiempo literalmente ha caído sobre el ser humano y obstaculiza su visión y su libertad. El reloj se vuelve un paradigma omnicomprensivo de la relación del hombre con la vida. El espacio en la foto-acción es negro, pareciera estar vacío, o más bien, lleno de oscuridad; conlleva la sensación de encarcelamiento, de aislamiento y de inmovilidad. El único objeto que se percibe es el sillón sobre el que está sentado el personaje realizado por el artista Martín Rentería sobre el que recae el peso de la arena, metafóricamente el peso del tiempo. La materia en algún momento de la obra es indiscernible, se confunde y pareciera que no existen límites entre la arena y el cuerpo humano. Luego, ocurre algo inesperado: el personaje se rebela a su situación de inmovilidad y se levanta, sacude la arena, se sacude la opresión del tiempo y deja el espacio vacío de vida, El personaje abandona su pasividad y se vuelve un ser libre. La contemplación de esta obra es una invitación a participar de la vida, a romper con la imposición del espacio confinado y del tiempo medido convencionalmente. Joseph Beuys argumentaba que el arte no está ahí para proveer conocimiento de una forma directa, sino que produce percepciones profundas de la experiencia. La sencilla observación de Yaguichi toca las fibras más sensibles de los límites fundamentales de la física humana: reproduce artificialmente la sensación espacio-temporal y la trasciende.

Alejandro Sordo

Bibliografía

Baqué, Dominique [2003]. La fotografía plástica. Barcelona, Gustavo Gili.

Bright, Susan [2005]. Art photography Now. New York, Aperture.

Carreras, Claudi [2007]. Conversaciones con fotógrafos mexicanos. Barcelona, Gustavo Gili.

Designis, 10 [2006]. Medios audiovisuales. Entre arte y tecnología. Barcelona, Gedisa.

Designis, 11 [2007]. Estética y semiótica. Bordes de la representación. Barcelona, Gedisa.

Eastman House, George [2012]. Histoire de la photographie. De 1839 á nos jours. China, Taschen.

Fontcuberta, Joan [2015]. El beso de Judas. Fotografía y verdad. Barcelona, Gustavo Gili.

Fontcuberta, Joan [2003]. Estética fotográfica. Barcelona, Gustavo Gili.

Fontcuberta, Joan [2016]. La furia de las imágenes. Notas sobre la postfotografía. Barcelona, Galaxia Gutenberg.

Fontcuberta, Joan [2017]. La cámara de pandora. La fotografía después de la fotografía. Barcelona, Gustavo Gili. 

Fraenkel, Jeffrey [2013]. The unphotographable. San Francisco, Fraenkel Gallery.

Frank, Robert [2017]. The Americans. Alemania, Steidl.

Godfrey, Tony [2003]. Conceptual Art. New York, Phaidon.

Goldberg, RoseLee [2011]. Performance Art, From Futurism to the present. London, Thames and Hudson world of art.

Grosenick, A cura di Uta. Art Now. Vol 2. Singapore, Taschen.

Howgate, Sarah; Nairne, Sandy [2006]. The portrait now. London, National Portrait Gallery.

Jones, Amelia [1998]. Body Art. Performing the subject. Minneapolis, University of Minnesota Press.

Long, Andrew; Currie, Nick [2006]. Fotolog book. A global snapshot for the digital age. London, Thames and Hudson.

Murguía, Verónica. Rituales. México, Artes de México, Colección luz portátil.

Pérez, David [2004]. La certeza vulnerable. Cuerpo y fotografía en el siglo XXI. Barcelona, Gustavo Gili.

Roa, Armando. Modernidad y Posmodernidad. Coincidencias y diferencias fundamentales. México, Andres Bello.

Turrent, Lourdes [2004]. La conquista musical. Mexico, Fondo de Cultura Económica. 

Valéry, Paul [1991]. Teoría poética y estética. Segovia, A. Machado Libros.

Wood, Catherine [2018]. Performance in Contemporary Art. London, Tate. 

EL METABOLISMO DE LA IMAGEN FOTOGRÁFICA

“Yo acababa de comprender que,

por inmediato, por incisivo que fuese, 

el punctum podía conformarse con cierta latencia 

(pero jamás con examen alguno).”

Roland Barthes, La cámara lúcida.

La latencia de la imagen fotográfica es el estado que adquiere cuando las sales de plata de la superficie fotosensible han sido expuestas, pero no reveladas, la imagen existe en potencia. Este tiempo que transcurre entre el clic de la cámara y la imagen fotográfica consumada una espera tan ilusionante como angustiosa. “El impacto directo de las emisiones luminosas de un objeto contra la superficie fotosensible determina el vínculo sobrenatural entre la realidad y la fotografía, y de esta manera fundamenta el pilar de su metafísica realista: lo real parece transferirse y adherirse a la imagen, o incluso transmutarse en ella.” Un salto mortal que se tiene que hacer a ciegas y que es exclusivo de la fotografía análoga, ha dado pie a incontables analogías y análisis simbólicos y poéticos de distintos órdenes. Podríamos hablar de un estado embrionario o compararlo con el metabolismo de una semilla que contiene a un árbol en potencia.

La decisión de incluir imágenes latentes en este proyecto surge como un medio para hacer evidente la imposición del tiempo en los procesos análogos y reflexionar sobre las imágenes ausentes, joya preciosa en los tiempos de pandemia fotográfica en los que vivimos. El método de producción y su ritmo condiciona totalmente la lectura y el consumo que hacemos de las imágenes. 

Otro punto que me atrajo acerca del concepto de la imagen latente es el deseo cuya intensidad en directamente proporcional al tiempo que se espere entre la toma y el revelado. En este caso, las imágenes contenidas en las cámaras análogas exacerban esta incitación expectante con la indicación expresa de no revelar el rollo; como un voyeur se abstiene completamente de participar el la escena que observa.  

La fotografía análoga frente a la fotografía digital

La evolución de los paradigmas tecnológicos de los medios para la producción fotográfica ha sido vista como una confrontación entre la fotografía tradicional y la fotografía digital, sin embargo, es mucho más enriquecedor reflexionar sobre las características de cada una como seres distintos con reglas y naturalezas distintas. Esta reflexión pacífica entre una y la otra se dificulta porque “la fotografía digital ha asumido las antiguas aplicaciones de la fotografía tradicional, la cual ha quedado descartada hoy para resolver funciones vitales indispensables y que sólo perdurará en prácticas minoritarias y artesanales.” 

Más que entenderlas como dos seres que compiten uno con el otro, hay que contextualizarlas con los procesos, ritmos y necesidades de las sociedades dentro de las cuales se desarrollaron. Dentro de la misma fotografía análoga, las técnicas que la iniciaron -daguerrotipia, colodión húmedo, heliografía, etc.- son procesos mucho más complejos y tardados que el de plata sobre gelatina, que a su vez se fue volviendo más práctico con el paso de placas a rollos. Todos estos avances surgieron como respuesta a las demandas de la sociedad para agilizar y democratizar la producción de imágenes fotográficas.  Los procesos análogos tuvieron origen en una sociedad industrial que desbordaba materialidad (el ferrocarril, el acero, la expansión de la industria y el capitalismo, etc), mientras que la fotografía digital responde a la era de la información, los algoritmos, las redes y las transacciones virtuales. 

So-called photography: PANDORA

La postfotografía hace referencia a la fotografía que fluye 

en el espacio híbrido de la sociabilidad digital 

y que es consecuencia de la superabundancia visual. 

Aquella aldea global vaticinada por Marshall McLuhan 

se inscribe ahora en la iconósfera, que ya no es una mera abstracción alegórica: 

habitamos la imagen y la imagen nos habita.

Joan Fontcuberta, La furia de las imágenes, 2016.

 Ante el flujo indiscriminado de imágenes que ha traído consigo la era digital y la democratización de la producción fotográfica, es necesario reflexionar acerca del cambio de reglas alrededor de la imagen: ¿Generamos imágenes como registro de acontecimientos o provocamos acontecimientos para generar imágenes? ¿Cómo ha modificado la masificación de ellas a la función social de la fotografía? Estos cambios en los medios y modos de producción derivan en una amplia fluctuación conceptual en la que los límites entre diversas disciplinas se diluyen y sus fines se traslapan.

  A lo largo de la presente investigación, profundizaré los límites y conexiones que se establecen a partir de la fotografía como metafísica de la imagen y su evolución de lo artesanal a lo digital con la aceleración y desmaterialización que estos cambios implican.

La presente tesis, propone la creación de un proyecto de arte conceptual a partir del diálogo entre la fotografía argéntica y la fotografía digital, que reconcilie la materialidad de una y los algoritmos de la otra para crear un hilo reflexivo acerca de la transición técnica y conceptual que ha sufrido la reproductibilidad fotográfica. 

Como un acto performático y con la premisa de explorar ampliamente estos conceptos, utilizaré tres medios distintos en cada pieza. La imagen latente estará presente dentro de la cámara análoga, siendo su finalidad, la de reflexionar sobre el fenómeno de la fotografía argéntica, su naturaleza y aspectos técnicos, y la infinitud de posibilidades que se despliega entre un cuadro y el siguiente cuando la fotografía hace del tiempo un fenómeno discontinuo. Como segundo medio tendré una fotografía Polaroid que exponga la situación contenida en cada cámara y como tercer medio haré un video corto con doble juego, que seduzca y que prolongue la idea de provocar al espectador respecto al hermetismo de la cámara fotográfica. EL CUARTO MEDIO SERÁ LA TOMA FOTOGRAFICA DE LA CAMARA EN SÍ.

La dimensión performática de esta investigación comienza desde la gestación de la misma -mucho antes de que el público intervenga-, con la conceptualización, investigación y preparación técnica de los distintos medios que se utilizarán. “El acto fotográfico se ve demasiado a menudo reducido a su resultado. Pero quien dice fotografía dice también experiencia de un proceso performativo que se bifurca en la acción del artista y la propia vida de la imagen.” 

 Al exponerse primero dentro del museo, la obra atravesará una fase legitimadora para después entrar a la fase de exposición en la galería. En ambas fases, los tres medios fotográficos utilizados se integrarán en una instalación que desencadenará un acto performático colectivo con diversas aristas por medio de las cuales el espectador se enfrentará a circunstancias de orden ético, estético, metafísico, epistemológico, ontológico y artístico.

La fotografía argéntica latente dentro de las cámaras y la polaroid expuesta establecen una metáfora del modo en el que nos relacionamos actualmente con la imagen mediante la fotografía de los teléfonos móviles: dada la facilidad de manejo sus cámaras y la producción de imágenes sin costo que ellas generan, nos vemos rebasados por una absurda cantidad de imágenes que nunca más veremos y de las que regularmente elegimos una sola en la que toda la situación parezca ideal -las mejores sonrisas, la mejor luz, nuestro mejor ángulo- para exponerla en las redes sociales, dejando el resto de tomas en la oscuridad del carrete de fotos del teléfono.

Ante esta saturación de la iconósfera, el proyecto busca evidenciar que, actualmente, las imágenes que no vemos tienen mayor poder que las que son evidentes ya que, son una pausa, el equivalente a la importancia de los silencios en una composición musical. “(Serge) Daney presagió entonces que entrábamos en la era de las imágenes ausentes, de las imágenes que no estaban. (…) Por ejemplo, no hemos visto ni a los presos en Guantánamo ni el cadáver de Bin Laden: las mal llamadas razones de estado justifican ese déficit. Pero esta inhibición o interdicción de la imagen se extiende a muchas otras esferas de la vida en las que la cámara -por decoro de costumbres, intereses comerciales o tabús iconoclastas- no es bienvenida, y serías esos intersticios a los que conviene prestar atención preferente.”

La primera serie derivada de esta investigación se titula PANDORA, y se construye a partir de reflexiones sobre el cuerpo, el erotismo y ciertas relaciones conceptuales de éste con la fotografía. La muerte tiene una larga relación con la fotografía: Susan Sontag dice que “Todas las fotografías son memento mori. Hacer una fotografía es participar de la mortalidad, vulnerabilidad, mutabilidad de otra persona o cosa. Precisamente porque seccionan un momento y lo congelan, todas las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo.” Por otro lado, si bien el erotismo no tiene una finalidad reproductiva, su relación con la fertilidad y continuidad es innegable.  En este orden de ideas, tanto la fotografía como el erotismo constituyen una manera simbólica de oponer resistencia a la muerte. 

La siguiente relación es la naturaleza voyerista, íntima y oscura del erotismo, el cual comparte dichas características con lo oculto de la imagen latente, en esta esfera íntima y oscura podemos hablar del erotismo como una sexualidad latente. Además, ambas buscan poseer: en el erotismo el otro aparece como objeto sexual, mientras que en la fotografía lo objetivamos para poseerlo a manera de imagen. “Como el voyeurismo sexual, (el acto de fotografiar) es una manera de alentar, (…), a menudo explícitamente, la continuación de lo que esté ocurriendo.”

En la fase de exposición museística, el presente proyecto tendrá la tarea de confrontar al espectador con la curiosidad ante la imagen invisible. Una vez exhibida en el espacio de la galería, el sujeto que adquiera la obra experimentará una confrontación mayor: el dilema entre controlar el impulso voyerista y preservar la obra o satisfacer la curiosidad mediante la destrucción de esta. 

Técnicamente este proyecto ha supuesto una profunda investigación sobre el funcionamiento, posibilidades, limitantes y características ópticas de cada cámara; además de una indagación histórica acerca de su lugar y año de fabricación -con las particularidades contextuales que esto implica-, para establecer relaciones con la historia del guión que contendrá a manera de imagen latente.  

En esta fase inicial de la investigación me he enfrentado a tomar una serie de decisiones sobre la infinidad de variables presentes al momento de la toma fotográfica análoga para que cada cámara cumpla con el lenguaje necesario para comunicar con precisión el mensaje a transmitir. A pesar de este riguroso procedimiento, es necesario aclarar que las variables procesuales están lejos de terminar con la toma fotográfica, la cual es apenas la concepción de una imagen y que posteriormente tendría que pasar por los procesos de revelado de película e impresión o positivado, los cuales dependen de factores como la manipulación, la composición, dilución, temperatura y vigencia del revelador y fijador, el papel que se elija, la destreza y conocimiento del laboratorista, así como el clima, las condiciones de humedad, la calidad de la luz de la ampliadora, etcétera, interviniendo con esto decisiva e irreversiblemente en el mensaje final que comunicará la imagen fotográfica.  

La latencia de las imágenes de este proyecto conflictúa nuestra compulsión de stalkear; en palabras de Fontcuberta “somos adictos a la tecnología, a las redes sociales, a opinar sobre los demás y a insultar desde el anonimato; somos voyeurs de vidas que no son las nuestras y de las que acabamos sintiéndonos coprotagonistas”.  

La cámara fotográfica como dispositivo generador de evidencias, es una valiosa herramienta de expresión visual que le permite al artista desarrollar una apreciación particular del mundo que lo rodea y de las interrogantes que este le plantea. En ese sentido, la fotografía puede ser interpretada como un dialogo entre el creador y su sujeto u objeto, y las dificultades o encuentros que esto representa.

Lo que se proyecta en la imagen final, tiene origen en una situación personal, la cual es consecuencia de una serie de valores que se encuentran intrínsecos en el creador, pero que no están originariamente contenidos en la imagen. El mensaje dado, resulta de una triple lectura: nos habla del objeto, del sujeto y del propio medio.

Según Paul Valéry, en el inicio de toda teoría hay siempre elementos autobiográficos. Coincido con él, ya que, cualquier cosa que deba o pueda decir acerca de la fotografía esta marcada por mi propia experiencia creativa. 

Fontcuberta, argumenta que “el dominio de la fotografía se sitúa más propiamente en el campo de la ontología que en el de la estética” De igual modo Alfred Stieglitz proclama que “la función de la fotografía no consiste en ofrecer placer estético sino en proporcionar verdades visuales sobre el mundo”.

El desarrollo creativo en cuanto a la fotografía se refiere, se basa en la búsqueda y su encuentro de nuevas formas y las características de ese mundo visual. Ellos son los que establecerán la estética de su representación en este caso fotográfica. 

En sus inicios y durante mucho tiempo, la fotografía fue entendida como una forma en la que se podía representar a la naturaleza en si misma en su forma mas real y veraz. Ahora, en la era de la hipermodernidad, la fotografía puede y se permite percibirse como un elemento o herramienta que el creador utiliza para asegurar su intención primera. Actualmente, fotografiar instituye una forma de reinventar lo real.

En los años 50´s se perfilaban dos teorías que hablaban de la polaridad recuerdo/olvido. Una teoría, del icónico Henri Cartier-Bresson, nos propone capturar el instante decisivo, donde la tensión de la escena es la que le propicia su máxima contundencia. Por su parte Robert Frank, sugiere que, cuando se trata de fotografiar la realidad, se debía realizar no a partir del clímax de una situación, sino en el lapso que toma y se separan los momentos decisivos. 

Derivado de estos dos pensamientos, y acercándome mas a la premisa del último, fue que concluí que se debía tomar a la fotografía desde un punto de vista distinto, no para provocar el recuerdo, sino, para aludir a la experiencia en si misma. Que la serie artística, se formase desde su creación conceptual, pasando por su ejecución y sublimándose en la toma fotográfica. Solo así, la fotografía deja de ser evidencia de la acción y se convierte en la única experiencia de esta.

El mero registro del acto performático, se transforma y se convierte en una obra de carácter expansivo, puesto que la imagen final presentada a manera de instalación es la materialización de los fenómenos ocurridos durante el proceso al mismo tiempo que la puerta hacia diversas posibilidades de lectura y destino de la obra. Ya no se puede hablar de una fotografía “directa” para registrar la acción, ahora se habla de una fotografía construida. 

Mucha de la producción actual de arte contemporáneo se basa en distintos grados de la creación de una huella o de distintos referentes al documento como memoria. 

Con la serie “So-called PHOTOGRAPHY” pretendo sintetizar, mediante un acto performático, un largo aprendizaje sujeto de una nueva percepción visual, factores adquiridos a lo largo de mi quehacer como fotógrafa y artista, ya que el objeto de la práctica artística resultaba doble.

Mi intervención en el campo del performance, como un actor copartícipe de la acción en si misma, me dio una mayor licencia y permitió, intervenir de forma consciente en la creación del performance. De esta forma se abren caminos para una nueva interpretación del documento performático.

Mi intención es crear un contrapunto teórico a la noción modernista del “instante decisivo” mediante el pensamiento fenomenológico en el que no existeun progreso en el performance y su concepción, simplemente hay un cambio de propósito. Lo que antes era un mero registro, ahora mediante un efecto voluntario, se presenta como una nueva propuesta artística.

De ser fotógrafa que documenta el performance, me convertí esta vez ya no en un mero espectador de la acción performática; ahora, presido la acción y dirijo la escena. Con la cámara como herramienta principal, impongo mis propias reglas. Ya no documento, ya no estoy fuera de la acción estoy participando de ella.  

A partir de este encuentro, solo falta que el espectador comprenda la instalación o el sentido que como artista intentó darle con mi muy propia visión del mundo. La mirada del espectador siempre recreará la significación de esta, pero, esta mirada puede ser orientada en cualquier dirección. Así que, la objetividad no existe. 

Continuamente la critica especializada de la fotografía ha contrapuesto dos categorías “fotografía directa” contra “fotografía manipulada”. La primera, implica acatar las reglas dentro de los limites de lo que se denomina la técnica fotográfica ortodoxa. Una serie de pasos que se consideran puros. Un ejemplo de ello sería, salir quizás a la calle y encontrarse con un tema que atraiga el interés, tomar la cámara, encuadrar y disparar. Se respeta así la visión óptico-mecánica del medio. En cambio, la segunda, legitima cualquier recurso que el fotógrafo quiera introducir, puede incluso apropiarse de otras disciplinas como lo son la pintura, alguna técnica de estampación, o la construcción de la imagen desde la mente y prefabricarla antes de ser creada. De esta forma, una favorece el acto de lo azaroso, así como la intuición del fotógrafo, contra, la de preferir o anteponer la planificación y el control del resultado. Estas categorías, generalmente enfrentadas, se resumen en dos géneros fotográficos: el documental y el artístico. 

EL CUERPO

« Ceci n’est pas une pipe » expuso René Magritte abriendo multiversos paralelos llenos de significaciones, abstracciones, simbolismos y posibilidades. Un cuerpo en una fotografía es más que el conjunto de órganos que conforman un ser vivo; es lo que oculta y lo que insinua, es metáfora, alegoría, mito y utopía. Es además una construcción cultural formada por aspectos psicológicos, sociales y políticos. El cuerpo es nuestro primer statement.

El sujeto se desdobla, al ser capturado por el fotógrafo, en un nuevo ente henchido de signos construidos por lo que la foto muestra y tanto o más por aquello que oculta. La fotografía propone y recorre el enigma del cuerpo como una disección platónica/simbólica que además se nutre de las particularidades que cada cuerpo tiene a manera de bitácora: cicatrices, tatuajes, marcas, arrugas y manchas son el lenguaje mediante el cual el cuerpo se comunica.  Además de estos rasgos particulares, las tensiones, extensiones, momentos y dinámica  del cuerpo devienen en la gravedad de organizar cuánticamente al sujeto más allá de una simple secuencia cinematográfica: cada cuadro implica un universo lleno de posibilidades ajeno y mucho más profundo que el fenómeno “real” fotografiado como podemos ver en las imagenes de Eadweard Muybridge . Es por ello que decidí explorar la naturaleza discontinua del tiempo en rollos fotográficos completos que multiplican al cuerpo y reflexionan sobre la transmutación que le supone el paso del tiempo y su irreversibilidad. 

Además de estos aspectos ontológicos inherentes al cuerpo, el fotógrafo utiliza elementos que modifica la sustancia del sujeto revelando, ocultando y direccionando la lectura del espectador. La máscara es uno de estos elementos, cargada de simbolismo y fuerzas psíquicas que transforman la sustancia de quien las porta y condicionan al que las observa, su uso es casi siempre ritual -ya sean rituales sociales o personales- y logra estados liberadores de éxtasis y katársis; al igual que el disfraz, la máscara y el antifaz cumplen el doble propósito de ocultar nuestro cuerpo para mostrar  una parte de nuestra psique.  En este mismo juego de resignificar mediante lo secreto, están también velos, lencería, encajes y transparencias, a través de las cuales se revela con más intensidad aquello que se oculta.